miércoles, 12 de diciembre de 2012

Ayer, hoy y mañana.~

Hoy son tres meses, noventa días. Contados hacia atrás parecen poco, pero día a día fueron eternos. Visité el mismo lugar aquellos días, cada día, sin excepción. Estacionaba en el mismo lugar en que lo hice la primera vez, hace poco más de un año atrás. Cada visita traía consigo las mismas sensaciones de la primera vez, más intensas, más angustiosas. 

Fui noventa veces a buscar a la niña linda que la última estrellada noche de un noviembre daba un emocionado si de respuesta. Fui noventa veces siguiendo las mismas instrucciones de la vez primera, el mismo camino. Cada día con la esperanza de ver a lo lejos a un par de hermosos ojos verdes venir por mi, hasta mi y vendar mis ojos y guiar mi caminar hacia la arena fría, sintiendo la brisa marina en las mejillas. Vez tras vez cargué conmigo la esperanza de traer de vuelta a aquella dulce jovencita, de verla de nuevo y entregarle un corazón entero, eterno palpitante de aquel sano amor compañero. Tantos impulsos que fueron energía transmitida como momentos, hermosos recuerdos. 

Iba, porque siempre ahí, en el mismo lugar en el que dejo que las velas revelaran sus deseos, encontraba el verdadero consuelo de mi espíritu. Y aunque era la única sentada contemplando el ir y venir de las olas, siempre estuve acompañada: los primeros treinta fueron mis lágrimas, fiel reflejo de la angustia, Pena, melancolía y nostalgia que sentía, de mi misma. Los siguientes treinta o puede que incluso hasta los cuarenta y cinco, ni la rabia, ni la impotencia, mucho menos la frustración me dejaron sola. De ahí en más, poco a poco, y en considerable aumento, me reconcilie con mi paz interior, con mi amor propio. El primer día de ellos, traje conmigo de vuelta a casa a la pequeña de cabello rizado. No sonrió durante el viaje de regreso, iba muy atenta al camino, de no perder ningún detalle, de no olvidar el camino, de reconocer algún rostro. Aquel día no hubo más lágrimas, aquel día continuo la vida, más viva!

Aquel día que la encontré debió tomar una decisión, pero la pregunta esta vez era distinta: te quedas aquí para siempre y te rindes? O vienes conmigo y continuamos?

Optó por la tranquilidad de su corazón, eligió volver a intentarlo aunque fuera la última vez. Decidió darle espacio a la felicidad. Dejo fuera a su mente, espíritu, alma y corazón se hicieron eco de una misma respuesta.

Sólo el destino, el tiempo y todo cuanto conspire en nuestras elecciones mostrarán si en realidad estuvo bien o mal. Sólo hay que disfrutar la espera, aprovecharla al máximo.

No esta permitido volver a nada de esto, no es una opción. Aprendió su lección, todos aprendimos. Esa es nuestra misión en la vida: nos traen al mundo para aprender y no tan sólo conocimientos sino también acerca de nosotros mismos. Con todo ello aprendí de mi, y es lo único positivo. Y una vez cumplida la misión un alguien superior nos llama a su costado.

Adiós, fue un placer!

jueves, 22 de noviembre de 2012

El sol, la luna y las estrellas.~

Se trata de aquellas situaciones que luego de que ocurren, terminan con un fluir de conciencia que difícilmente puedes transcribir. Te recorre todo el cuerpo, de arriba abajo, de abajo arriba y sin pensar suspiras y acabas mirando el techo, tendido en tu cama, recordando aquel exacto movimiento, palabra, beso o caricia. La mayoría de las veces te cuestiones cómo fue que empezó, otras tantas de por qué acabó como acabó y algunas otras no piensas: esas son las que más se disfrutan. Sin ver, a ojos cerrados, en silencio y con la delicadeza misma con que palpas el terciopelo, la magia está en sentir cada centímetro de piel, en concentrarse solo en la respiración de uno y de otro. Velas, aromas, ternura y amor, sobre todo amor. 

El recuerdo se lleva estos momentos, para jamás perderlos, son tesoros, los más grandes y preciados tesoros. ¿Quién no quisiera poder gozar de ellos también? Pero es solo una la sensación que llena el alma, que genera la satisfacción y aquella no llega sino junto con la transición del tiempo y los movimientos: Es mía. Y de ahí, ya nada es lo mismo. Son un cúmulo de sentimientos que explotan en un suspiro, en un beso, en una mirada en blanco y negro. La mayoría de las veces es la mejor parte, pero luego también viene la añoranza de las caricias en el pelo, en las mejillas. Y sigue aquí su deseo de pertenencia: es una invitación a acomodar el oído cerca de los latidos de su corazón, porque es ahí donde disfruta de tenerme, de conversar, de reír como niños luego de hacer alguna maldad. Porque es ahí donde disfruta de mi y de nadie más que de mí, donde no queda espacio para malos entendidos, feas palabras o angustias. Ahí comienza y termina la más linda manifestación de amor que no conocía, que él me enseñó a entender y valorar; ahí es donde comienzan nuestros sueños juntos, ahí es donde me encuentro con la mujer que soy y a veces olvido ser. 

domingo, 21 de octubre de 2012

Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír.~

Siempre he preferido el papel. Me trae buenos recuerdos, me habla del pasado, de cuando tenía la capacidad inquebrantable de dejar plasmados los sentimientos en cualquier lado apenas nacieran, de cuando mandar una carta era el gesto más romántico que pudieran tener con uno. 

Recibir una carta de puño y letra de quien se ama es cosa ya de otro mundo, son pocos los que lo hacen, pero son detalles que enamoran y quien ama de corazón y profundamente, no pone límite al fluir de sus emociones, son comunes estas manifestaciones. Son parte de un fluir de pasiones, como muchos otros, que maravillan a un enamorado corazón. Los sobre nombres cariñosos, las lindas palabras, los buenos días, las buenas noches. Un arreglo de perfumadas flores, una caja de bombones, una sorpresa cuando menos se espera, un beso robado, una caricia en el pelo, una mirada sostenida acompañada de una gigante sonrisa. Una llamada, un mensaje, una inesperada visita para dormir acompañada, un profundo y sentido “te amo” al oído..

Tengo un palpitante corazón enamorado de esos detalles, enamorada del amor, de estar enamorada. Tengo un corazón sensible, afortunado, benevolente. Tengo un corazón dañado en espera constante de terminar de ser reparado, y aunque a veces despierto y pienso que no quiero levantarme para evitar sentir los efectos depresivos de la rutina, tengo un alma fuerte, guerrera. Respaldada por un espíritu aventurero, entregado a la vida, a vivir lo que sea y cuando sea. 

Soy una pequeña gigante derribada muchas veces pero sigo aquí. No me he ido a ningún lado y tampoco lo haré y aun cuando he prescindido muchas veces de arrancar incluso de mi misma, no me he abandonado y nunca lo haré, así sea lo último que haga.
Amo la vida, las que no han llegado y vendrán y amaré aún más y por siempre a quien con su presencia o su recuerdo me haga sentir infinitamente viva.    

viernes, 19 de octubre de 2012

No soy un príncipe, pero te daré una vida de princesa.~

Princesa de mi corazón, eres mis ojos. Hay ternura infinita en tu descanso mientras duermes, ¿sueñas con tu príncipe?  No te canses de soñar pequeña, aunque los príncipes no existen, nunca dejes de soñar. Princesa de mi alma, daría todo por ti, por tu eterna paz interior e infinita felicidad, por ver cada día tus hermosos luceros con brillante destello. Te cuido mi princesa porque si la vida decidiera hacer algo contigo y llevarte lejos de mí, mi espíritu no resistiría la soledad, mucho menos el dolor. Tu sonrisa ilumina mi corazón, mi instinto me llevó hasta ella y soy un agradecido del destino por haberte puesto en mi camino. Linda princesita, hija de la luna, heredera del sol, tu mundo interior me complace, pienso en ti y me inundo de emociones hasta el límite de hacerme llorar. Eres hermosamente dulce y gentil, estás bendita con todas las bondades de este mundo. Eres única, eres especial, eres maravillosamente mía.